Mind the gap (part 2)

De repente una voz interrumpió sus pensamientos: “The next station is Enfield Town”, apenas pudo escucharlo con claridad, pero sus manos comenzaron a temblar descontroladamente como señal de que había llegado a su destino. Cogió su bolso con brusquedad y salió torpemente del vagón.

Había pasado todo el trayecto preguntándose cómo sería su primera cita, de qué manera acabaría el día, qué mensaje le escribiría al día siguiente y si celebrarían juntos su próximo cumpleaños.

Imaginó tanto que olvidó de sonreír al niño que la miraba curioso detrás de un tebeo, al igual que olvidó ceder su asiento a un pobre anciano cuyo rostro soportaba mil historias, olvidándose también de sostener la mirada del guitarrista que intentaba componer con el vaivén del tren.

Llegó a la salida haciéndose paso entre la multitud y cuando miró el reloj pensó que iba a desfallecer… ¡Todavía quedaba media hora!. Quedó petrificada en la salida observando cada una de las personas que entraban y salían de la estación, imaginando a dónde irían, quien los esperaba en otra parte, si eran felices y a qué dedicaban su prisa. Para su sorpresa había dejado de pensar en él por unos minutos, ya sólo quedaban 20.

Volvió a imaginar dónde pasarían el próximo verano, si vivirían en una casa con jardín o en un piso pequeño en el centro. ¡Han sido tantos meses hablando que nada puede salir mal!. Miró el reloj de nuevo, 10 minutos y aún tuvo tiempo de pensar en su regalo de primer aniversario, cuántos hijos iban a tener y cuales serían sus nombres.

Holly había olvidado lo más importante, que las miradas dicen más que las palabras, que los gestos también enamoran y las caricias llenan el alma. Se había olvidado de disfrutar del trayecto y de que los detalles son los que marcan los momentos. Llegó la hora, y llegó otra más pero perdida en sus pensamientos se había olvidado de buscarlo entre la gente.

Al otro lado de la ciudad alguien espera un tren pero parece algo despistado, no se decide a coger ninguno y permanece inmóvil en un banco de la estación, es un miedo horrible lo que le impide moverse, únicamente miedo.

Alba Lucia R.P.

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Bienvenido, Otoño

Como cada otoño desde hace algún tiempo, me gusta compartir este fragmento de José Sbarra , porque es bonito soñar que algún día alguien decidirá quedarse contigo para escuchar el sonido de la lluvia, al lado de ese brasero y ese gato negro, impidiendo que el frío penetre en tus huesos…

Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato, y que sea negro y mire amarillo y se enrosque y nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco el frío y la lluvia. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que sea otoño. Otoño y que llueva. Que un hombre te esté esperando en otra parte. Y no vayas. que sea otra vez otoño. Y te quedes. Otoño y que llueva. Que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez   y te quedes.

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– Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!.

– No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás. Y sé que estoy loca y sé que tengo el pecho podrido de aguantar, y aquí estoy quieta por oírlo, por verlo menear los brazos.

Federico Garcia Lorca ‘Bodas de Sangre’

 

 

Soledad

Sientes que todavía es invierno cuando ya la primavera viste de chaqué y está apunto de sonar el primer llanto del verano.

Olas de silencio envuelven tu habitación, pasan coches, aviones, muy cerca, pero ya no te atreves a escucharlos, no quieres imaginar dónde irán.

La luz se esconde también de tí, la luna se oculta entre las nubes avergonzada del sol que hoy nos ha deslumbrado a todos.

Estás pendiente de que un pequeño rayo de luz ilumine tu oscura habitación con un ‘mensaje nuevo’ que rompa la calma y te llene el corazón de alguna emoción que te impida dormir esta noche.

Deboras las redes sociales alimentándote de otras almas, embriagándote de los sueños de otros que pasan por tu lado sin rozarte, youtubers que te hacen reír, qué fácil resulta hacerlo en este momento.

Aparecen todos los recuerdos que decidiste algún día conservar y algunos más  pero sólo es pasado piensas, por tanto decides dedicar un rato al futuro incierto, y entre suspiro y suspiro te olvidas de lo realmente importante, el presente.

Deseas que mañana sea un bonito día y te adentras con prisa en un sueño profundo, quien sabe cuando puede amanecer…

Alba Lucía

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Mind the gap (Part 1)

Esperas en el andén como cada día mientras das patadas a una bolita de papel de aluminio, alzas la vista de vez en cuando hacia la pantalla que anuncia la llegada del próximo tren. Lees, pero esta vez no le prestas atención, 3min, tal vez 5, ¿qué más da? Te dices con la mirada perdida en las vías, ¡para qué llegar a casa si ya no está!. Y con ese pensamiento mandas la bolita al otro lado de la plataforma, con rabia.

El tren ha pasado y no te has dado ni cuenta, tal y como la perdiste también a ella. Pasa de nuevo otro tren, ‘mind the gap’ suena cada vez más fuerte pero tú ya no lo escuchas, ¡Para qué llegar si ya no me espera!. Las puertas se abren y te mantienes en la linea amarilla inmóvil, ‘mind the gap’ y otra vez y otra y otra…

Esperas que se vaya, ves alejarse el último tren de la noche y das media vuelta, la oscura y solitaria Londres te espera, la única.

Alba Lucia.